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ane

lagrimaymar — 23-11-2009 GTM 1 @ 14:54

Este segundo libro de la etapa surrealista de Cernuda contiene una mayoría de poemas que dan la impresión de reflejar una experiencia amorosa fracasada,encapsulada en el primer verso de uno de ellos" Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman". Pero ahora la amargura violenta del primer libro, Un río,un amor, como que el fracaso del amor ya no resulta tan insólito, se transforma en una actitud más elegíaca ante el colapso del sueño amoroso creado en la inocencia,lamentando casi en términos clásicos como el ubi sunt al comienzo de otro poema" ¿Adónde fueron despeñadas aquellas cataratas/Tantos besos de amante...Así, la voz dominante del libro, aunque en otros momentos la elegía

bicho raro( hardcore gentilhombre)

lagrimaymar — 21-11-2009 GTM 1 @ 10:41

tumblr_kpu7pih28u1qzhqngo1_500.jpgEn la fauna del siglo XXI

voy a hablaros de un especimen (que se cree) muy especial,

rara avis donde las haya,

el bicho hardcore.

Ërase una vez un chico que nunca quiso pertenecer al vulgo filológico,

un niño con conciencia de hombre superior,

un joven consciente de que sus sagradas palabras adornarían los libros de texto,

y,

que con su patinete alado,

rozaría el cielo para ser el nuevo Nietzsche.

Él dominaba todas las áreas del conocimiento,

él decía cool y full cada 10 minutos exactos.

Él tenía cinco pelos en la barbilla para aparentar dos años más,

aunque para él, oficialmente, lo exterior fuera algo totalmente superficial.

Controlaba su pequeño y selecto rebaño

sembrandosistemáticamente( pues cronómetraba hasta la duración de los besos) sus geniales ideas que todo el mundo debía admirar y adoptar como principio.

Por él...¿Quién no haría locuras? ¡Oh!él, seductor incomprendido.

Se creía capaz de cambiar el mundo vía internet sin estresarse,

y hablaba( o decía hablar) francés, inglés, castellano ¡y hasta esperanto!

Él, ente extraordinario, no hacía sacrificios por nadie inferior,

se jactaba de cambiar mujeres por reuniones antibolonia.

Pero...un día...atravesaba volando una calle,

sobre su vehículo espacial

sin ni siquiera dirigirme una mirada despectiva

y yo...

 y yo vi un bache...vi un bache y no dije nada.

 Cayó de bruces,

sus colmillos desperdigados sobre el asfalto,

cerró la bocaza.

Aquel día, en clase, no interrumpió

las 100 veces habituales

y hasta la profesora respiró alivio.

El sol brillaba más en Noviembre,

contento de que al fin,

el bicho hardcore se percatara

de que los superhombres son como las pelis de Disney.

Irreales y plastiqueros.

pain

lagrimaymar — 09-11-2009 GTM 1 @ 20:39

mi dolor en los libros empapados,lloro tinta negra.

 melancolía adherida a las baldosas bajo mis pies.

Desierto de calles vacías.

Yo. irreductible pero sola.

Se estremece la miel amarga
de esta ausencia clavada bajo mi armadura

tiembla el pulso, sudor helado en mi luna pálida

arritmia,no estás, me dueles

te busco

y solo aire malsano para mi respiaración precaria.

Ahora me retuerzo como un alambre,

me abandonas en un charco de barro y alquitrán,

atrapada en esta telaraña, vulnerable y condenada.

No te escuche.

Y ahora mi corazón es un cenizero.
Asfixia asmática en mis acordes desafinados.

Ignore que era solo una opción para ti,

tú mi prioridad.

Error y pago.

Mi piel traicionada.

Tú,

que ayer me rescataste

hoy me abandonas

alfileres en mi desnudez frágil

amargor en estos labios lacerados,

ya soy solo sombra.

Ayer soñé que era una muñeca de tela,
así cuando me ignorabas pasando a otro estante
yo no sentía nada.
Solo hilos y espuma, ojos de vidrio seco.

 Pero yo, en vez de hablar o gritar, sangro poemas a medianoche.

cHaNsOn mElAnCoLiQuE

lagrimaymar — 07-06-2008 GTM 1 @ 17:32

Y no te quiero.
Xk me estresas.
XK el tiempo pasa sin que nada cambie.
X la rutina.
X la distancia.
X tus palabras.
Xk eres inflexible.
Xk mi mente vuela sola. Sin ti. Soy demasiado libre para amarrarme a alguien. Necesito tiempo. Me ahogo. Y solo yo misma puedo reencontrarme. Colección de sueños rotos en un cajón bajo la cama. Los días pasan rápido y lento. Claroscuro de tu mirada que ha quedado muda, fría como el mármol de esa fuente en la que nos conocimos. Pero la alegría florece como un rápido claro en la oscuridad de tu noche. Me olvido de tu olvido y decido mantener mis principios, sin cambiar, evolucionando, madurando a base de trompicones. Y sí! Puedo ser algo más feliz....

y me pierdo entre papeles tan llenos y vacíos...

mundos irreales mezclados con hechos reales.

eterno cuento sin final.

Y a veces, aunque el cielo sea zul
tú lo ves todo tan gris como antaño.
No encuentras una salida y te hundes en ti misma. Sonríes mientras ocultas eso que tanto tiempo lleva hiriéndote. Prefieres, necesitas imaginar que vives en un mundo justo, bueno, en un mundo "yupi". Porque pese a que mucho has cambiado, algo se pudre en tus raíces. Te sumes en imágenes olvidadas, en un vacío vagamente conocido. Y otra vez, está ese miedo a no ser lo suficientemente buena. Porque eres decepcionante. Porque hoy no te quieres y caes en las garras de tu propio olvido.

el límite

lagrimaymar — 25-01-2008 GTM 1 @ 17:58

 Era el símbolo de la perfección. La reina entre la flor y la nata de la secundaria. No había mejor alumna o chica más guapa y ocurrente. Brillaba con luz propia y jamás se sentía frustrada o contrariada. Se sentía feliz al doscientos por ciento. Llegó segura al aula, conversando animadamente junto con unas amigas( la mayoría de sus charlas eran siempre de lo más entretenido). Les pidió que fueran a  verla cantar al concierto que iba a dar con su grupo a la tarde. 

 Hablaron del examen que tenían a primera hora. Ella aclaró que no había estudiado nada, fingió no saberlo. Mientras tanto, repasó en silencio cada palabra de la lección que se sabía de memoria.

 Tocó el timbre y repartieron las pruebas.

Lanzó una rápida y nerviosa mirada al reloj de acero  gris metálico que marcaba las diez menos cinco. Una de sus blanquecinas y alargadas manos, que parecían débiles folios mojados,  tembló casi imperceptiblemente, sin poder reprimir aquel escalofrío que había sentido recorriendo su espina dorsal. Miró con horror aquella hoja llena de preguntas que no podía contestar. Su mente había quedado súbitamente vacía, paralizada. El bolígrafo permanecía quieto como si de una estatua de cerámica se tratase, las ideas que tan primorosamente había ordenado en el almacén repleto y detallado de su mente  se desvanecieron por arte de magia.

-Joder, joder...que he estudiado mogollón,dios, ¡que se me ocurra algo ya!

Pero el  bolígrafo continúo prácticamente paralizado mientras sus débiles ideas permanecían confusas e imperfectas.

Y eso la salvó.

En el Eroski

lagrimaymar — 15-01-2008 GTM 1 @ 22:21

Busco un reflejo, una promesa, una elección.  Ya no hay más temores, ni velas apagadas, ni otoños. Algo indescriptible me ha fortalecido, puedo mirar adelante. Hay futuro. Un futuro de azúcar y amarga hiel, lleno de frustración y alegría,  luces y sombras, flores y barro. La memoria permanece intacta, duele o  te hace reír. Seguiré inmersa en este mundo al que no acabo de encontrar sentido, pero que, pese a todo, me gusta.

Me replanteo mi vida mientras empujo el carrito del super. Resurjo de mis cenizas, recomponiéndome despacio.  Calma después de una tormenta interna. Me tumbo sobre un colchón de muestra y un empleado con cara de bulldog se acerca a mí:

 -Señorita, haga el favor de quitarse del colchón, no ha leído el cartel de la izquierda. Está prohibido ¿me oye?¡ prohibido!

 Me incorporo instantáneamente y le doy un abrazo. Después lo suelto y me dirijo a la salida. No me dice nada más y me río entre dientes.

 Quiero vivir.

negu mikatz

lagrimaymar — 20-12-2007 GTM 1 @ 22:56

Ibaiak gora egiten du beti .

Gailurrak zuritzen dira. 

Nekatzen zara.

Esku hotzak ditut.

Neguak bufanda izoztu bat bailitzan ito nau orain arte.

Hostoak galtzen dituzu eta oroimenak zurekin jolasten du.

Eskua ematen didazu gabonetako argien artean ez galtzeko.

Elkarrekin ihes egiten dugu,  itzal zehaztugabeak gara soilik.

Iluntasunean murgilduta pozik nago.

Gaztain erre usaia urrunean.

Kotxeak eta kea bigarren plano malenkoniatsuan.

 Amets gozoa urrunean badago ere, inoiz baino biziago marraztuta ikusten duzu.

 Helburua finkatzen dut buruan.

 Lortu arte ez naiz geldituko.

Zu nirekin egongo zara hurrengo neguan.

Ibaiak gora egingo duenean eskua emango didazu.

Beldurrak uxatuko ditugu.

Sendoak izango gara.

Nire eskuak ez dira hotz mantenduko. 

Denak zentzua izango du.

Ulertuko nauzu.

RuMbO NoRtE

lagrimaymar — 24-11-2007 GTM 1 @ 13:07

triste
1. Cuando se acabó

Esbozaba la forzada sonrisa que ella parecía interpretar como afectiva. Tumbados en la misma cama de la misma habitación, como tantos días.

Su vulgar olor a pachuli, aquellos inamovibles cuadros en las paredes, el eterno color azul oscuro...Todo tan frío, sin magia, caducado y consumido.

Ella le pasó la mano por la cabeza pero él permanecía impasible, caricia áspera. Miraba atentamente la inexpresiva mirada de su inocente Mar. Era joven y nada fea, pero demasiado simple, muy conocida. Era sólo una niña, podía ser su hija, acababa de cumplir los veinte años y él iba ya para los cuarenta y cinco. Volvió a sentir aquel amargor en la boca, pero, al fin y al cabo ¿ No era él el poderoso Pablo del Castillo? Seguía desapasionadamente sus monótonos besos con la vista perdida en un punto inconcreto. Creía encontrar a aquella exótica Lana, la sentía a su lado. Un escalofrío recorrió su cuerpo, se hundía en la cálida lava del volcán prohibido. Era Lana la que le provocaba aquel feliz ensueño, el sabroso afán de aventura. Ésa amiga que lo cautivaba con aquellas felinas miradas, con la que había compartido tantas inolvidables tardes, esa maga que lo hechizaba con una ferocidad salvaje y libre. No podría soportar la desaparición de aquellas cariñosas caricias que anhelaba siempre. La vida cacercería de sentido sin esos espectaculares ojos negros que seguían consiguiendo cohibirlo como si fuera un adolescente. Rememoraba sus alegres años de juventud, el pálido recuerdo del pasado se intensificaba con una fuerza demoledora. Se sentía nuevo. Con ella las horas no eran solo horas, las tardes nunca eran una tarde más, la uniformidad era inexistente.

Ante todo, él quería sentirse guíarse por suscaprichos, dejar que el momento lo guíara al azar.

Pero, sin embargo, compartía tantos buenos recuerdos con Mar...No la deseaba, no quería seguir engañándola. No era consciente de que la verdad llegaría sin demora arrasando cruelmente áquella ángelical inocencia.

Lo que él desconocía era que ella llevaba meses sabiendo lo de Lana.

Vivían unidos por por unos antiguos recuerdos, por aquella común adicción a la rutina de las tardes con té verde y galletas de limón, por la misma envolvente melodía de Malher.

Encadenándose fuerte para seguir viendo los mismos atardeceres rojizos . Abrazados para no caer en el tentador riesgo de su libre albedrío.

 Llevaban un año entrelazados en el tedio. Dormían en grandes habitaciones contiguas, respetando aquel claustrofóbico silencio que cada vez pesaba más y más. Vivían siguiendo las mismas pautas tan aburridas y cómodas. Despertaban con la llegada de la aurora. Desayunaban a ambos lados de una mesa descomunal sin terciar palabra. Se vestían y preparaban de la misma manera, sin cambiar jamás. Sabían que la más ligera variante podía alterar sus vidas. Nada volvería a ser ordenado, se sumirían en un caos que ambos odiaban. Acabarían enzarzados en una disputa y alguien debería marcharse al mundo exterior. Y eso, aunque al principio fuese tentador, los había acabado aterrando. ¿Qué podía ser de ellos? No querían acabar mal. Ella no trabajaba, estaba atada a él. Mar iba languideciéndose despacio, llenandóse de rencor, aprendió a vivir incomunicada con el resto del mundo, consciente de que él no la quería. Porque ¿quién iba a darle trabajo? ¿en qué era buena? Ella hacía té y bizcocho y él iba a comprar los alimentos tras el trabajo todos los días. Cuando su marido se marchaba, la mujer quedaba atrapada entre las páginas de otra novela de la enorme biblioteca. Su mente viajaba y aquellas ganas de alejarse de allí quedaban parcialmente saciadas. Leer era tranquilizante, las horas lentas pasaban dulcemente sin que ella se percatase. Se atenuaba esa progresiva soledad, esa angustia que iba devorándola sin prisa, día a día. Estaba totalmente sola en aquel caserón apartado del mundo. Bueno, sola no. Sus miedos y sus frustraciones la seguían siempre, incluso cuando salía al bello jardín a regar los magnolios, cuando veía la tibia luz del sol verspertino. Si algún paseante coincidía con su breve salida al exterior, no la reconocía. Su rostro níveo y pálido se resguardaba bajo un gran sombrero lila. Él detesataba que se tostara, quería que se mantuviese siempre como una muñeca de porcelana. Quizás preferiría una muñeca de porcelana a una mujer. Como mujer ya tenía a Lana. Mar oía a su marido dirigirse a ella en sueños. La conocía, era una simpática mujer mucho mayor que ella, de unos cuarenta años. Trabajaba en uno de los negocios de Pablo.

Sabía que tiempo atrás habían estado a punto de casarse, que su marido la había amado de verdad. Pero ella lo abandonó la semana anterior a la ceremonia, huyó a París, donde debió llevar una vida bohemia e intensa. Tuvo un affaire con un escritor, sus novelas eran un éxito continuo hasta que un día dejaron de gustar y fracasó. Lana y él empezaron a tener problemas y se separaron. Había oído rumores de que fue una ruptura apasionada y drámatica, como las de las películas. Ella volvió a la pequeña ciudad de dónde procedía, Pablo del Castillo se había hecho famoso allí, era dueño de muchas empresas. Él no pudo olvidarla jamás, trató de guardarle odio, o por lo menos algo de rencor, pero no fue capaz. Se había casado con Mar pero en cuanto se enteró de su llegada no tardó en contratarla. La deseaba más que nunca en toda su vida.

Mar se consideraba menos interesante que ella, más vacía. No tenía tanto mundo, carecía de aquella gran cultura, su conversación resultaba más monótona. Lana transmitía una paz y seguridad contagiosas, siempre tenía algo ingenioso que decir. No era nada tímida, se advertía que tenía experiencia. No aparentaba ser más joven, tenía canas y arrugas que no trataba de ocultar. Pero eso le confería un encanto extraño, era un reflejo de su singular personalidad. Su piel era curiosamente morena y parecía muy libre. No como aquella atormentada joven a quien llegaba irremediablemente ese inquietante murmullo: " Te equivocaste. Te estás consumiendo. Pierdes los mejores años de tu vida. No aguantarás mucho más. Él jamás te ha querido, a eso se debe su eterna frialdad, no te mira, te rehuye. Sólo te quiere para exhibirte en las cenas, para figurar como la mujer del insigne Pablo del Castillo. Quiere que los demás se asombren con tu belleza y juventud. Él siempre te ha considerado como un mero asunto burócratico. No eres nada para él, otro utensilio de la casa. Y ni siquiera le sirves, no puedes tener hijos. Lo mejor sería huir, quitarte de en medio, comenzar de cero. Pero pese a todo no te atreves. Cobarde, cobarde, cobarde".

Oía los inconfundibles pasos de las botas de su marido acercándose a la habitación. Él llamo a la puerta precavidamente, y ella, algo sorprendida, dijo casi en voz baja:

-Pasa Pablo.

La puerta chirrió, debía de estar mal engrasada. Él apareció tras ella, con la mirada perdida en otro lugar, inalterablemente distante. Pese a todo, fue a sentarse a su lado, a esa blanca cama de matrimonio que jamás habían compartido. Él era la única persona con la que había hablado aquel martes lluvioso. Permaneció metida en la cama, con el delicado camisón de seda en el que él jamás había reparado.

-Quiero que vengas a una fiesta en mi honor, ya sabes, por haber aportado fondos para el nuevo aquarium. Es importante, es oficial, mi mujer debe estar presente. Pero recuérdalo bien, tú ni una palabra ¿vale? No quiero que se repita lo que pasó en la ópera. Vendrás ¿no? Acuérdate bien que estás casada conmigo y que se trata de una pequeña obligación, nada más ¿De acuerdo?-Sus ojos se posaron livianamente en los de él, su mirada reflejaba una calma casi antinatural. Aquella pregunta retórica, aquel mandato camuflado era ya tan conocido. Su mano pequeña y frágil buscó la de Pablo. Quizás consiguiese algo de afecto a cambio de otra tensa velada obligada a exhibirse. Pablo la sintió, era fría, suave y pálida como una delicada flor de magnolio del jardín y desprendía un agradable aroma difícil de identificar, algo un poco dulce, entre colonia y caramelo. La joven se mojó los labios mientras meditaba la respuesta decisiva. Se tomó su tiempo. Ese silencio tan familiar lo invadía todo. A Pablo le encantaba aquella expresión de reflexividad: ladeaba la cabeza y fruncía un poco el ceño, sus graciosos hoyuelos se descubrían más que cuando sonreía. Pero pese a todo, no pudo evitar ponerse algo nervioso y resoplar varias veces mientras daba pequeñas patadas al suelo.

-Sí, iré.- Pablo se permitió sonreírle y darle un casto beso propio entre los hermanos.

Mezcla de maquillaje, nerviosismo, crema y perfumes. Miraba alternativamente su plateado reloj de pulsera y el espejo. Terminó concentrándose en aquella mujer que le devolvía la mirada detrás del cristal. Se había esmerado en mejorar su apariencia. Estaba guapísima pero no era ella misma, era una extraña demasiado perfecta para resultar agradable. Todos sus rasgos distintivos habían desaparecido bajo aquella primorosa máscara. Faltaba menos de una hora para estar delande de las cámaras, expuesta como en un zoológico. Había algo irremediablemente meláncolico en su expresión, era lo único que no podía disimular. Metamorfosis fallida.

Demasiadas luces deslumbrantes, flashes, caras desconocidas, frío, sonidos, un mar de gente describiendo círculos a su al rededor. Pero como siempre, nadie le tendía una mano para aliviar aquella sensación de ir a la deriva, era solo una cara bonita acompañando a una estrella. Apocada mujer de un hombre próspero. Ese hombre que desaparecía de su lado, ese hombre que no la miraba, ese hombre a quien solo importaba si decía alguna inconveniencia. Era una joven taciturna y extraña, algo asocial casi, tímida. La débil sombra de una gran claridad. Todo aquello la ponía tan nerviosa, todo iba a peor progresivamente. Ya no aguantaba más. Pablo se había sentado junto a Lana. Ella estaba rodeada de desconocidos que nadie se molestaba en presentarle...Se refugió en el lavabo, donde pudo enterrar su peinada cabeza entre los brazos y ponerse a llorar como una niña pequeña, como el ángel maldito en el que se había convertido. Se avergonzó de sí misma, de su incosistencia. " Todo tiene un límite. Tienes que decidirte ya. ¿Qué quieres? Las cosas no se van a solucionar por arte de magia. ¡Madura! Hagas lo que hagas, no te quedes sin hacer nada, no te protegas con enfermizas ilusiones inútiles a largo plazo. Sé más impulsiva, trata de sobrevivir en esta jungla donde el más fuerte sale adelante. Demuestra algo de valor, mujer. Siempre hay esperanza." El maquillaje se le había corrido un poco, lágrimas de un sucio color negruzco resbalaban contrastando con su piel. Se lavó la cara, fingió sonreír, se arregló un poco más y se fue. Pero esta vez no volvería a la cena de Pablo, salió cautelosamente de aquel lujoso lugar, sin que nadie lo advirtiera. Una vez en la calle, cuando sintió que todo estaba más frío, oscuro y silencioso, echó a correr. La luna dominaba alta y llena un cielo entre negro y azul marino. Helaba. Mar se iba despeinando, los bajos de su vestido se rompieron, no pensaba. Se sentía libre por primera vez en tanto tiempo... Casi carecía de miedo. Era una silueta, otra sombra perdida en medio de aquella inhóspita noche invernal.

Empezó a percibir el aroma salado y penetrante del Cantábrico antes de poder vislumbrarlo. Solo edifios grises, farolas, y luces de neón, en un barrio que desconocía. Al dar la esquina, se encontró con una playa de piedras negras y arena. Había pequeños botes de colores en una esquina, junto a un rocoso malecón. Camino hacia la orilla. La espuma jugaba a dibujar cosas abstractas. Ella, sin dudarlo un instante, cogió un poco entre las manos y se lavó la cara. Tiró su peineta lejos, a las oscuras profundidades. Se quedó contemplando aquella inmensidad con la mente en blanco. Le temblaba un poco el labio inferior. Pero ya no lloraba porque era fuerte, porque iba a serlo, porque saldría adelante.

Fue entonces cuando escuchó una voz desconocida y extrañamente reconfortante:

-¿Qué hace una chica tan guapa y pensativa como tú en mitad de ninguna parte?

Cálido sueño de invierno

lagrimaymar — 30-10-2007 GTM 1 @ 21:56

Carteles chillones de propaganda y poesía a cincuenta céntimos.  Espectáculo grotesco, luces de neón ahogando la noche invernal, lluviosa y fría. Un viejo clio azul averiado en las afueras de la ciudad. Una gasolinera vacía. Y tú, sobre todo tú. Empapandóte, con los brazos extendidos, cansada de todo, y por fin, libre.  Una tranquila sonrisa suavemente perfilada en tus labios helados. Tienes la cabeza ligeramente ladeada, parece que miras  el cielo, pero tienes los ojos cerrados. Me acerco con precaución, temiendo sacarte de tu sagrada serenidad. Abres los ojos y te sorprendes. No me esperabas. Sin embargo, no dices nada, no es necesario. Lo  leo todo en esa mirada tan trasparente que me ha hecho seguirte hasta aquí. Todas las veces que has sufrido, todas las lágrimas derramadas, las noches de vigilia, esas felices parejas a tu alrededor. Y tú sola, siempre sola.  Pero eso se acabó porque estoy contigo. Y no tengo intención de alejarme de ti. Nunca.

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Poesía envuelta en canela

lagrimaymar — 28-10-2007 GTM 1 @ 21:23

Luces mortecinas en un noviembre lánguido,

débil sombra  gris de luna casi llena,

 pasado mezclado en reflejos blanquinegros,

 mirada huidiza de un  pasajero anónimo.

 

 Corres escapando de ti mismo,

conscientemente perdido en cábalas nerviosas,

en el dolor de un secreto eterno y agridulce,

en un desgarrador grito sofocado.

 

Espejos nuevos en el escaparate de la esquina,

sigues tu camino sin alzar tu mirada perdida

en un rostro frío que ya desconoces,

se pinta el tierno dolor de la mañana fría.

 

La oscuridad te tiende sutiles trampas,

caes en ellas con la torpeza de un niño.

Desamparo de un ángel sin inocencia,

en un laberinto de amores interrumpidos.

 

El gato maúlla desde el alféizar,

acompañando tu fatigada melodía,

compuesta con notas débiles y profundas.

Una voz rota sumiéndose en la oscuridad.

 

Tratas de crecer en un silencio que te disminuye.

Sueño de metamorfosis incompleta,

pregunta sin respuesta concreta,

 mentira corrosiva envuelta en dulce canela.

 

 

 ad