En el Eroski
Busco un reflejo, una promesa, una elección. Ya no hay más temores, ni velas apagadas, ni otoños. Algo indescriptible me ha fortalecido, puedo mirar adelante. Hay futuro. Un futuro de azúcar y amarga hiel, lleno de frustración y alegría, luces y sombras, flores y barro. La memoria permanece intacta, duele o te hace reír. Seguiré inmersa en este mundo al que no acabo de encontrar sentido, pero que, pese a todo, me gusta.
Me replanteo mi vida mientras empujo el carrito del super. Resurjo de mis cenizas, recomponiéndome despacio. Calma después de una tormenta interna. Me tumbo sobre un colchón de muestra y un empleado con cara de bulldog se acerca a mí:
-Señorita, haga el favor de quitarse del colchón, no ha leído el cartel de la izquierda. Está prohibido ¿me oye?¡ prohibido!
Me incorporo instantáneamente y le doy un abrazo. Después lo suelto y me dirijo a la salida. No me dice nada más y me río entre dientes.
Quiero vivir.


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